10 mandamientos del deudor

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Primero.- No pedir más crédito para pagar tus deudas

Es fundamental saber poner límite y no pedir más crédito para pagar otras deudas, ya que normalmente cuando te conceden nueva financiación, al suponer mayor riesgo para el acreedor, las condiciones son peores que aquellas que no has podido asumir. Eso provoca una espiral que termina por cronificar el problema.

Segundo.- Revisar las condiciones de tus créditos

Muchos créditos tienen condiciones abusivas. Eso las convierte en ilegales, pero para poder eliminarlas, debes primero reconocerlas y saber cómo reclamar para que te las quiten. De lo contrario estarás pagando cantidades que no te corresponde asumir.

Que hayas firmado unas determinadas condiciones en el préstamo, no significa que sean legales ni que las tengas que cumplir, ya que en el momento de la concesión del crédito, ningún juez u organismo ha verificado la legalidad del contrato.

Tercero.- Paralizar los pagos en situación de mora

Antes de hacer el esfuerzo de pagar cuando estás en situación de mora, es mejor negociar un nuevo plan de pagos que permita regularizar la situación para ponerse al día. Lógicamente pretender afrontar penalizaciones propias de un impago con los mismos recursos que provocaron la situación de mora, hace imposible solucionar el problema.

Cuarto.- No permitir que llamen a otras personas por tus deudas

Las empresas encargadas de reclamar impagados, utilizan la presión que supone difamar a los deudores, informando de su situación de morosidad a terceras personas para perjudicar su imagen. La Ley de Protección de datos, impide que los acreedores puedan dirigirse a personas ajenas al deudor informando o dando a entender tales circunstancias, por lo que cualquier acción en este sentido puede ser sancionada con multas de hasta 600.000 euros.

Quinto.- No consentir amenazas por tus deudas

La existencia de una deuda, no faculta al acreedor para amenazar, intimidar o tratar de forma irrespetuosa a los deudores tanto en el contenido del discurso como en la insistencia del mismo. Se debe por tanto actuar con respeto en la reclamación que se realiza y no acosar al deudor con el propósito de agotarle psicológicamente para que realice pagos.

Sexto.- No sentir miedo por tus deudas

Por el simple hecho de tener deudas, no debes temer las consecuencias que se puedan derivar, ya que la Ley regula unos límites en las reclamaciones de los acreedores que garantizarán siempre la protección del deudor para que tanto él como su familia, tengan asegurados los medios necesarios para su subsistencia. Por tanto, tanto las cantidades como los bienes a embargar tienen límites que hay que respetar.

Tampoco pueden embargarte el saldo de la cuenta corriente si el mismo se alimenta de los ingresos derivados del trabajo personal que ya ha sido embargado, ni existen penas de prisión por el mero hecho de tener deudas. Existen muchas formas de intimidar al deudor para que pague sus deudas, pero carece de sentido darles importancia dado que la Ley establece niveles de protección que en la mayoría de ocasiones incluso mejoran las condiciones que tenía el deudor cuando pagaba.

Séptimo.- No sentir vergüenza por tus deudas

Los motivos que provocan un aumento de la deuda, son por regla general la necesidad de liquidez para afrontar el día a día. Cuando a esa necesidad se le une la facilidad para obtener crédito, aunque sea en condiciones difícilmente asumibles por el deudor, la combinación hace del impago una consecuencia inevitable.

La responsabilidad por tanto de esta situación no deseada, es al menos compartida entre quien la sufre como deudor y quien la facilita o provoca como acreedor. Todo ello sin olvidar que las propias entidades financieras a su vez también han sufrido situaciones de insolvencia de las que han tenido que ser rescatadas por la Comunidad Económica Europea con el dinero de todos.

Octavo.- No pedir ayuda a familiares o amigos para pagar tus deudas

Solicitar a personas del círculo próximo ayuda para afrontar tus deudas, es ofrecer a los acreedores soluciones de cobro sobre las que normalmente no van a realizar ningún esfuerzo financiero para facilitar las condiciones de pago, ya que entra en escena nuevo dinero o nuevas garantías para hacer frente a las deudas. Eso elimina o al menos reduce el riesgo que el acreedor está soportando y le confiere más fuerza para negociar en el futuro en caso de impago.

Normalmente la buena voluntad de quien te quiere ayudar, se transforma en una situación de compromiso que añade más presión al deudor en caso de impago al comprometer a sus relaciones.

Noveno.- No renunciar a necesidades básicas para pagar deudas

La Ley regula de forma clara una serie de prioridades basadas en los derechos que hay que defender. En ocasiones, dichos derechos entran en conflicto y el legislador ha de tomar partido por uno de ellos en función de su importancia. Cuando se trata de deudas que se han contraído y deben por tanto pagarse, ese deber tiene su límite en el derecho a la subsistencia digna de las personas, por lo que el acreedor no tendrá el derecho a cobrar su deuda aunque así se haya pactado, si con ello el deudor se ve impedido de vivir dignamente atendiendo sus necesidades básicas.

Décimo.- Pedir consejo a un abogado para solucionar tus deudas.

Contratar a un bufete de abogados expertos en Derecho Financiero, puede representar la solución definitiva a tus deudas y problemas financieros, ya que te permitirá aprovechar las ayudas que la Ley ofrece y están diseñadas para resolver situaciones que no se arreglan pidiendo más crédito.

Confiar tus problemas a un abogado especialista en Derecho Financiero no es un gasto más, es una inversión que dará buenos resultados en menos tiempo del que esperas.


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